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*Ser Religiosos en el Siglo xxi*
Lloyd Geering 1
In English
¿Qué es la religión?
¿La religión está de acuerdo con nuestra razón?
En su visión de la religión probablemente tienen razón. Por 'religión' ellos
se refieren a la creencia en un dios personal, en la plegaria como petición
de intervención de supuestas fuerzas sobrenaturales, en la vida después de
la muerte y en cosas semejantes. Éstas han sido ciertamente las
características distintivas de la religión cristiana tradicional, pero no seplican a todas las otras formas de religión, el budismo no-teísta es un
ejemplo obvio.
¿Así que qué cuenta como religión? ¿Es posible que haya una forma de religión que sea consistente con el entendimiento no-sobrenatural actual de
la realidad? ¿Cuándo se convierte la religión en superstición? Las
respuestas a estas preguntas dependen de cómo definamos 'religión'. Mucha de
la discusión sobre la religión resulta ser una cuestión semántica. De ahí que necesitemos evitar un debate meramente verbal.
Es tan sólo desde el advenimiento del mundo moderno, hace digamos unos 400
años, que surgió el problema de qué es lo que constituye la religión.
Wilfred Cantwell Smith, en su libro seminal The Meaning and End of Religion
: Inventing
Reality: Physics As Language
(Inventar la realidad: La física como lenguaje) Allí él lo pone de manera muy clara y simple a través de una pequeña anécdota que le sirve como parábola:
Aunque se nos haya dicho que experimentamos la realidad a través de los sentidos, no hay forma de conocer con nuestras mentes cómo es la realidad, excepto a través del lenguaje. Creamos el lenguaje y luego éste permanece como la cuadrícula, o el cristal, a través del cual vemos lo que vemos, y que siempre colorea y caracteriza eso que vemos. Tal vez ha sido más la física cuántica que cualquier otra la que nos ha llevado a darnos cuenta de esto para nuestra construcción científica del mundo. Al estudiar lo que sucede dentro del átomo, que encontremos partículas u ondas depende de lo que decidamos buscar, lo que tomemos en cuenta como hechos es determinado en última instancia por el lenguaje y los métodos que usamos y no completamente por la realidad misma. Como lo dijo Einstein, 'Es la teoría la que nos indica qué se ha de observar'.
En el cambio cultural desde el mundo premoderno hacia el mundo moderno, que he delineado brevemente, hemos dejado atrás un lenguaje conceptual para describir e interpretar la realidad y lo reemplazamos con un nuevo lenguaje conceptual. El nuevo lenguaje no es un lenguaje definitivo, pero es preferible al anterior en cuanto a que tiene más poder explicativo y es capaz de predecir mejor el futuro. A veces los científicos se refieren a sus explicaciones como modelos. Si un modelo tiene buen poder explicativo y permite al científico cierta predicción al realizar un experimento, entonces hay confianza en el modelo. Cuando el modelo falla se le descarta y se reemplaza por otro. Lo que ha venido sucediendo en el cambio cultural radical hacia el mundo moderno es que el modelo que se había usado con razonable éxito por más de 2 mil años lo hemos ido descartando por no ser aplicable ya. Lo hemos ido reemplazando con un modelo nuevo.
Es engañoso, sin embargo, interpretar este cambio cultural sólo como desechar un modelo cultural en favor de otro no-religioso. Al descartar a los dioses y espíritus del viejo modelo no es tanto la religión lo que se desecha, sino más bien la 'ciencia' anticuada del pasado. Los dioses eran parte de la ciencia primitiva del mundo antiguo. Seguir utilizando estos viejos conceptos en un nuevo contexto cultural para explicar la naturaleza es caer en la superstición (la 'superstición' puede definirse como tratar con devoción religiosa un concepto anterior que ha sobrevivido a la disolución del 'mundo-de-las-ideas' al que perteneció).
Muchas de las creencias y practicas religiosas que han logrado sobrevivir en el mundo moderno deben ser juzgadas como superstición desde el punto de vista del que nos mira el mundo en el que vivimos. Dado que todavía estamos en el proceso de transitar de una cultura hacia la otra, algunos todavía viven felices en la visión del mundo antiguo, en la medida en que permanezcan dentro de sus restringidos horizontes. Para ellos no es superstición, sino religión genuina.
Ahora volvamos la mirada hacia el mundo que hemos construido con nuestro nuevo lenguaje y nuevos conceptos, y exploremos lo que significa ser religiosos en ese mundo. Todo ha cambiado tanto durante los recientes tres siglos que nos parecería imposible reconocer del mundo en el que vivieron nuestros ancestros. El mundo en el que vivimos realmente está confinado al planeta tierra, pero ahora lo vemos como una minúscula partícula de polvo en un universo inmenso. Sobre el resto del universo sabemos extremadamente poco. Si es que hay vida en alguna otra parte, es algo que no sabemos y que puede que nunca sepamos.
La vida en este planeta ha evolucionado por unos 3 mil millones de años. Nuestra especie humana surgió de una miríada de especies vivientes que evolucionaron, pero sólo muy recientemente, en relación con la historia de la tierra -y más por accidente que por designio. No hay un propósito evidente por el que hayamos evolucionado, o incluso por el que deba haber en absoluto vida en este planeta, dado que ninguno de nuestros vecinos planetarios muestra signos de vida. La existencia humana es un misterio para el que no hay una razón obvia.
A los humanos nos resulta perturbador encontrar que hemos llegado al ser aparentemente por accidente. Nos hace sentir inseguros. Porque al ser concientes de que hacemos cosas con un propósito, saltamos a la conclusión de que los fenómenos y acontecimientos que observamos en la naturaleza también reflejarían un propósito y serían el resultado de decisiones tomadas concientemente. Incluso en estos tiempos seculares, a veces nos sorprendemos a nosotros mismos diciendo, al asomarnos por la ventana en la mañana, "¡Es sol sí decidió salir hoy!". Para los antiguos parecía autoevidente que había voluntades personales detrás de todo acontecimiento de la naturaleza. Así es como llegaron, inconcientemente, a crear a sus dioses. Hoy podemos decir que se proyectaron inconcientemente sobre la naturaleza que observaban. Nuestros antepasados humanos asignaron funciones y responsabilidades a los espíritus y dioses a los que crearon imaginativamente. Esto no era solamente para explicar los fenómenos naturales, sino para discernir alguna razón y propósito detrás de todo. Resulta bastante curioso que se concibiera frecuentemente a estos dioses como caprichosos e impredecibles en su comportamiento, lo que es una indicación de que reconocían que muchas cosas parecían ocurrir por azar. Por lo tanto, los dioses hacían más que solamente estructurar su mundo y ofrecerles un valor explicativo. También proporcionaban a los antiguos los primeros elementos de sentido y propósito para sus vidas. Esto fue posteriormente reforzado en el Periodo Axial del Medio Oriente. El monoteísmo evolucionó del politeísmo precedente. Esta transición está claramente documentada en la Biblia Hebrea. Tuvo lugar un cambio radical en el uso del lenguaje. Los dioses de los tiempos antiguos fueron expulsados de la corte con escarnio implacable por los profetas de Israel; decían que los dioses de las naciones no tenían más substancia que un soplo de humo.
A pesar de todo ello, sin embargo, los israelitas conservaron la palabra 'dios', pero le dieron un nuevo significado. El Dios de Israel no solamente reemplazó a los dioses de la naturaleza, sino que fue concebido dentro de un orden diferente. Este Dios no tenía principio ni fin. Este Dios no podía ser visto ni retratado de manera visible. Este Dios estaba en el proceso de convertirse en el símbolo religioso por excelencia. Este Dios no era sólo la explicación lo que los científicos de hoy llamarían 'la teoría del todo'; este Dios era también la clave de la existencia, del sentido último de la existencia humana.
La transformación del lenguaje basado en dioses, a partir de los nombrespara los dioses de la naturaleza para devenir en el símbolo del sentido, inició durante el Periodo Axial, pero no se completó realmente entonces. A pesar de la prohibición de hacer imágenes de Dios, el monoteísmo cristiano siguió haciendo imágenes mentales de Dios y se dedicó a construir un nuevo mundo alrededor de este Dios todavía objetivado. Ese mundo espiritual se fue haciendo cada vez más importante, pues proveía sentido para la existencia humana en este mundo visible del espacio y el tiempo. Tan convincente era la descripción verbal de ese mundo-de-significado que comenzaron a tratarlo como una realidad de propio derecho, de una manera tal que se hizo de este mundo-visible algo prescindible. Eventualmente, esto se evidenció como insoportable. El otro-mundo del cristianismo tradicional comenzó a derrumbarse. Desde luego, todo el mundo espiritual heredado de tiempos muy antiguos ha ido desvaneciéndose progresivamente hacia la no-existencia. Primero se fueron los elfos, las hadas y los duendes. Luego se fue el Diablo con sus demonios. Luego los ángeles y los santos en el cielo. Y, más recientemente, incluso la realidad objetiva de Dios como un ser personal. Dado que ya se decía que Dios era espíritu, ni siquiera Dios podría escapar a la disolución del mundo espiritual como una realidad objetiva. La misma idea de un Dios personal objetivo, todavía contenida en la palabra 'Dios', es el último remanente de la ciencia primitiva de la humanidad antigua. Sobrevive bajo mínimos, pero básicamente como la amplia sonrisa del evanescente Gato de Cheshire de Alicia en el país de las Maravillas .
La razón por la que ha sobrevivido tanto como lo ha hecho es que en el reemplazo de un lenguaje conceptual por otro hay un aspecto del lenguaje anterior que no nos es suministrado por el nuevo lenguaje de gluones y protones, ADN y aminoácidos. Cuando nuestros antiguos ancestros crearon a sus dioses y espíritus para explicar los fenómenos naturales, al mismo tiempo crearon significados. Lo hicieron al proyectar inconcientemente sus propios sentimientos y procesos de pensamiento humanos sobre los dioses. Los dioses detentaban las claves del sentido de la vida. El nuevo lenguaje con el que hemos reemplazado al viejo tiene un poder explicativo mucho mejor con respecto al mundo físico, pero no puede hacer nada para ofrecernos ningún sentido de propósito último o de significado. Debemos hacer esto por nosotros mismos. Los antiguos lo hacían por sí mismos, pero lo hacían inconcientemente. Nosotros hemos de crear sentido concientemente. Para hacerlo todavía puede resultarnos útil retener al Dios-símbolo. De igual manera como esta misma palabra se conservó vigente durante el Periodo Axial, aunque se le usó de manera diferente, estamos en un punto de la evolución de la cultura humana en el que podemos llevar el uso de la expresión 'Dios' a su conclusión lógica como el símbolo del significado último. Como lo ha señalado el teólogo Gordon Kaufmann, el Dios-símbolo ya ha servido en el pasado como 'un punto de referencia último'. 'El símbolo de Dios proclama representar para nosotros un foco de orientación que traerá la verdadera realización y sentido a la vida humana. Resume, unifica y representa en una personificación a los que tomamos como los más elevados y más indispensables valores humanos'. El contenido que ponemos en este Dios-símbolo es nuestra decisión. Lo que nuestros antiguos antepasados hacían de manera inconciente, ahora debemos hacerlo por nosotros mismos con plena conciencia de lo que hacemos. Esto es básicamente lo que significa ser religiosos en el mundo del futuro -lo primero es enunciar el contenido que se pondrá en la palabra 'Dios' y luego adorar a ese Dios a través de las vidas que vivimos. En otras palabras, ser religiosos en el mundo del futuro es crear sentido por nosotros mismos al responder a todo aquello que nos concierne en un sentido último, en el entorno en el que vivimos.
¿Cuál es ese entorno? Miremos ahora más específicamente hacia nuestras condiciones actuales de vida. Atravesamos un periodo de cambio acelerado -cambio social, cambio cultural, cambio tecnológico. Disfrutamos de invenciones tecnológicas y de un patrón de vida material que a nuestros abuelos les hubiera resultado impensable. Pero también recibimos algunos signos alarmantes desde la tierra. Son señales tempranas de advertencia de una tierra viviente que comienza a resentir la presión de las maquinaciones que la especie humana ha engendrado. Son el equivalente en el mundo global actual de las advertencias proféticas de un Dios iracundo en la clase de mundo en que vivieron Jeremías y los cristianos primitivos.
Si los humanos no tomamos nota de estas cuestiones interrelacionadas y no cambiamos rápidamente nuestras costumbres como respuesta, también transitaremos el camino de los dinosaurios y de todas las otras especies terrestres que se han extinguido. Nunca antes las admoniciones de Jeremías (4.23,25-26, *DHH*) han sido tan literalmente adecuadas:
Ser religiosos en el siglo XXI es cuestión de estar finalmente implicados y concernidos con todas estas cuestiones urgentes, de concienciar claramente quiénes somos, dónde estamos y hacia dónde elegimos ir. Hasta que permitamos que la conciencia sobre estas cosas cambie nuestra escala de valores y redirija nuestra planeación económica, seguiremos siendo moral y espiritualmente inferiores a la humanidad primitivaa pesar de nuestra sofisticación urbana y de nuestros logros espirituales.
Se han dado algunos pasos hacia la resacralización de la tierra. Incluso hemos retomado el concepto de 'santuario' -del edificio de la iglesia- y lo hemos devuelto a la tierra, como en los santuarios para aves, santuarios para peces y otros semejantes. La ecósfera se está convirtiendo ella misma en el Dios en el que 'vivimos, nos movemos y existimos' (Hechos 17.28), para usar las palabras de Pablo. Desde luego, el cuidado de la Madre Tierra, y todo lo que implica, en buena medida reemplaza al anterior sentido de obediencia a un padre celestial.
Se requerirá de toda la voluntad colectiva que los humanos seamos capaces de reunir para detener nuestra explotación, contaminación y formas destructivas de vida; también se ha de requerir nuestra propia elección libre, para recanalizar nuestra energía colectiva hacia vías que respeten a la tierra, preserven la vida y promuevan la armonía en la ecósfera.
Arnold Toynbee, en Mankind and Mother Earth el último volumen que escribió antes de su muerte, decía:'En el transcurso de los últimos dos siglos, El Hombre ha incrementado su poder material a un grado tal que se ha convertido en una amenaza para la supervivencia de la biósfera; pero no ha incrementado su potencial espiritual, el vacío entre ambos se ha venido ampliando, un incremento del poder espiritual del Hombre es ahora el único cambio concebible en la constitución de la biósfera que podría asegurar a la biosfera y al hombre mismo contra su destrucción'.
Toynbee estaba convencido de que la actual amenaza a la supervivencia de la humanidad puede disiparse solo a través de un cambio revolucionario del corazón de los seres humanos individuales, y que sólo la religión puede generar el poder de la voluntad necesario para tal tarea, entender que la religión es la respuesta necesaria de los seres humanos al desafío del misterio de los fenómenos que encuentra en virtud de su facultad de conciencia distintivamente humana.
De manera similar, el historiador usamericano Lynn White, quien ha tendido a culpar al cristianismo por los problemas ecológicos que hemos creado, cree, sin embargo, que es sólo la religión, y no la ciencia, la que puede ofrecer la respuesta a la crisis ecológica. La crisis seguirá, dice, 'hasta que encontremos una nueva religión, o repensemos una antigua... Dado que las raíces de nuestro problema son esencialmente religiosas, el remedio debe también ser esencialmente religioso, ya sea que lo llamemos así, o no'. Para semejante religión necesitamos abrevar en parte de las culturas y enguajes del pasado. En la evolución de la cultura puede haber crisis y cambios radicales, pero nunca hay rupturas completas. Desde luego, el nuevo entorno global la tradición cristiana no es la única implicada en hacer frente a este desafío. En el Occidente no estamos en posición de establecer, o siquiera de sugerir, cómo deben responder otros. Nuestra responsabilidad es ver cómo podemos responder desde el Occidente Postcristiano.
Siempre me sorprendo al percatarme del grado en el que esto ya sucede ahora. Desde el mismo Nuevo Testamento se nos ha enseñado por mucho tiempo a decir que "Dios es amor". Mahatma Gandhi nos enseñó a decir que "Dios es verdad". A esto podemos añadir de buena gana que "Dios es vida". Dios es todo lo que valoramos. Todo lo que tiene para nosotros una valía perdurable es, de hecho, nuestro Dios. Por ello es por lo que de Buena gana hablamos del "Dios dentro de nosotros", tanto como del "Dios allá afuera" el Dios que encontramos en nuestros vecinos, el Dios que encontramos en todas las criaturas vivientes, el Dios que encontramos en el misterio del universo mismo. En otras palabras, el Dios-símbolo si todavía decidimos usarlo en el siglo XXI se referirá a la suma total de esas todas esas cosas que nos atañen, afectan e interesan más y que suscitan en nosotros la misma gama de emociones de asombro, respeto reverencial, gratitud y sentido de obligación que experimentaron en el pasado nuestros antepasados desde su diferente visión de la realidad y con su diferente lenguaje conceptual.
Tal es el esquema de cómo veo lo que significará ser religiosos en el siglo XXI. Trad. Francisco Javier Lagunes Gaitán
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1 Lloyd Geering Profesor Emérito de la Universidad Victoria, Wellington, Nueva Zelanda.
Conferencista del *Fondo St. Andrew para el Estudio de la Religión y la Sociedad*
Académico asociado del grupo internacional interdisciplinario para el estudio de los textos sobre Jesús de los primeros 3 siglos, Jesus Seminar
En 1988 fue nombrado *Companion of the British Empire* y en 2001 fue la primer persona en recibir el más alto reconocimiento de su país natal como *Principal Companion of the New Zealand Order of Merit*. Es una figura pública de considerable renombre en su natal Nueva Zelanda, en donde es un solicitado conferenciante y comentador sobre religión y asuntos relacionados en radio y TV. Por más de 40 años ha sido catedrático de Nuevo Testamento. En 1966, publicó un artículo titulado, "La resurrección de Jesús" y, en 1967, otro titulado "La inmortalidad del Alma", que juntos desataron una gran controversia teológica pública, que culminó en una acusación formal ante la *Iglesia Presbiteriana de Nueva Zelanda* de la que el Dr. Geering es un ministro ordenado por error doctrinal y perturbación de la paz de la iglesia. Luego de un proceso televisado de dos días, la asamblea de la iglesia dictaminó que no se había probado un error doctrinal, desechó los cargos y declaró cerrado el caso.
Lloyd Geering es autor de diversos libros, entre ellos:
(El Dios del mañana)
The World to Come: From Christian Past to Global Future
(El mundo por venir: Del pasado cristiano al futuro global),
Christian Faith at the Crossroads: A Map of Modern Religious History
(La
fe cristiana en la encrucijada: Un mapa de la historia religiosa
moderna)
http://www.amazon.com/gp/product/0944344836/qid=1144830515/sr=1-4/ref=sr_1_4/002-1779714-2878438?s=books&v=glance&n=283155
Cristianismo sin Dios).
Es cofundador, junto con el teólogo y filósofo británico Don Cupitt, de la
organización pluralista de reflexión y educación religiosa *Sea of Faith -
SoF (Mar de Fe)*, que sustenta visiones religiosas
humanistas, posmodernistas no-realistas, humanistas cristianas y agnósticas.
Algunos unitarios y universalistas participan también en esta iniciativa
Antes de que podamos iniciar adecuadamente la exploración de la
manifestación de la religión en el siglo XXI debemos aclarar qué es lo que
significa 'ser religiosos'. Hay un creciente número de personas en una
sociedad secularizada, como Nueva Zelanda, que no sólo dicen que no son
religiosos, sino que creen firmemente que toda la religión está en trance de
convertirse en obsoleta, así como la visión de que la tierra es plana. Como
ellos lo ven vamos entrando a una era no-religiosa.
'Tres árbitros *(umpires)* discutían sobre su desempeño en un importante
partido de beisbol en el que su tarea es vigilar el lanzamiento de la pelota *(pitcheo)*. El primero dijo, "Yo digo lo que veo". El segundo dijo, "Yo digo lo que es". El tercero dijo, "Hasta que yo no lo diga, no ha pasado nada". El juego no existe si no ha sido creado todavía. Las reglas forman el juego. Los árbitros interpretan las reglas y, al hacerlo, crean el marcador.'
*Primera*, hay una explosión de población humana, que se expande exponencialmente y amenaza con exceder nuestra capacidad de asegurar que se provea a todos siquiera de los bienes más básicos para la existencia.
*Segunda*, las demandas masivas de la humanidad hacia la tierra conducen al
rápido agotamiento de sus recursos no-renovables.
*Tercera*, la contaminación creciente amenaza el acceso al aire y al agua,
los dos bienes más básicos de los que depende la existencia humana.
*Cuarta*, al destruir los bosques lluviosos tropicales e (involuntariamente) aumentar los desiertos, los humanos interferimos con el equilibrio ecológico de fuerzas interdependientes de las que la vida planetaria depende sutil y dinámicamente.
*Quinta* ,vamos agotando la capa de ozono que nos protege de los efectos
dañinos de la radiación solar, e incrementamos la cantidad de dióxido de carbono en la atmósfera, lo que tiene por consecuencia el cambio climático y el calentamiento global.
*Sexta*, nuestra creciente interdependencia mutua en la aldea global tiene una complejidad que también vuelve excesivamente frágil a la economía global 'Un mal movimiento, o incluso un evento azaroso, puede convertir al orden en caos'.
*Séptima*, el incremento de la competencia entre individuos, clases, culturas, corporaciones y naciones, conjuntamente con un uso desigual de los limitados recursos de la tierra, produce tensiones explosivas que pueden provocar que la especie humana se autodestruya.
"Miré a la tierra, y era un desierto sin forma; miré al cielo, y no había luz. [...]
Miré y ya no había ningún hombre, y todas las aves se habían escapado. Miré y vi los jardines convertidos en desierto, y todas las ciudades estaban en ruinas."
En primer lugar, al reconocer que ya hay un Occidente Postcristiano, debemos descartar del todo algunos conceptos y creencias del cristianismo ortodoxo. Permítaseme apuntar algunas de las cosas de las que debemos deshacernos:
La dependencia de una jerarquía sacerdotal.
La iglesia como organización monolítica y rígida.
La idolización de la Biblia.
La idolización de Jesús de Nazaret como el único y divino Salvador del mundo.
Las proclamas absolutas y excluyentes sobre el Evangelio Cristiano.
La revelación divina como fuente de conocimiento.
La noción de Dios como un ser personal objetivado, aunque invisible.
La plegaria entendida como conversación con una deidad personal externa.
La expectativa de una existencia personal posterior a la muerte.
En segundo lugar, debemos estar preparados para crear nuevas palabras clave y conceptos, así como nuevos rituales y patrones de comportamiento social. No hay forma en el presente de que podamos aseverar cómo han de ser éstos. Pero podemos observar que una gran variedad de cosas semejantes ya comienzan a surgir. Tan sólo en los últimos 30 años aproximadamente las expresiones como, espiritualidad, cultura, ecoteología, nuestra madre tierra, se han incorporado al uso común.
En tercer lugar y lo más importante, debemos explorar cómo es que ciertos conceptos y temas del pasado pueden usarse de maneras radicalmente novedosas. Ya hemos hecho notar, que en el Periodo Axial, el concepto de 'dios' fue conservado, pero se le dio un nuevo significado. Ahora es el momento de llevar ese proceso un paso más allá. Después de todo, todavía usamos palabras tales como hadas, ángeles, demonios y dioses, pero ahora usamos estas expresiones de manera simbólica y poética, y no como nombres para designar realidades objetivas del universo. Si todavía hablamos de Diosen el siglo XXI, no será como el nombre de un ser espiritual objetivo. Simbolizará el sentido que intentamos crear, los valores que nos parecen
atractivos y convincentes, así como las metas a las que aspiramos.
Adorar a Dios en el siglo XXI es asumir una posición de respeto reverencial hacia este universo autoevolutivo del que somos parte y que es tan inmenso en el espacio y el tiempo que nuestras pequeñas mentes no pueden enfrentarlo. Como la teóloga feminista Sallie McFague ha dicho bien, 'El universo es el cuerpo de Dios'.
Adorar a Dios en el siglo XXI es maravillarnos de la ecósfera viviente de la vida en este planeta del que somos producto y del que dependemos para nuestra existencia sostenimiento continuado. La Vida en este planeta es en sí misma la manifestación de Dios y todos somos parte del Dios viviente.
Adorar a Dios en el siglo XXI es estar agradecidos hacia las sucesivas generaciones de nuestros antepasados humanos que han evolucionado lentamente en las varias formas de culturas humanas que nos han permitido llegar a ser la clase de seres humanos que somos.
Adorar a Dios en el siglo XXI es valorar todo aquello que nos ha sido otorgado como seres humanos, nuestra capacidad par pensar y para involucrarnos en la búsqueda de aquello que sea verdadero y significativo; nuestra capacidad de sentir, de amar y ser amados, de mostrar compasión y sacrificio desinteresado.
Adorar a Dios en el siglo XXI es aceptar de una manera responsable y
autosacrificial la carga de responsabilidad que ahora ha sido puesta sobre nosotros por el futuro de nuestra especie y por la protección de toda la
vida del planeta.
Adorar a Dios en el siglo XXI es dedicarse a maximizar el futuro para todos
aquellos cuyo destino está cada vez más en nuestras manos.
Adorar a Dios en el siglo XXI es valorar más que nunca la importancia de las relaciones humanas que nos vinculan en grupos sociales. Porque los humanos somos criaturas sociales mutuamente dependientes por ser lo que somos, por pensar lo que pensamos, por el entendimiento y la práctica de la religión. No habrá una sola forma de ser religiosos, ni un solo lenguaje para expresarlo. No habrá una macro-organización religiosa única, sino una toda una multitud de grupos sociales más bien pequeños en las que los miembros estarán vinculados mutuamente sobre bases puramente personales. Estos grupos deben aprender a ser incluyentes, no sólo para estar preparados para aceptar a cualquiera que desee unirse, sino también para vincularse de manera laxa con otros grupos. No habrá una única forma de ritual religioso, sino una gran variedad de rituales y prácticas devocionales, en su mayoría provenientes de las
culturas anteriores, pero adaptadas a la nueva situación. Desde luego, nos daremos cuenta de que incluso después de descartar mucha de nuestra propia tradición cultural anterior, también mucho de ella saldrá a la luz repentinamente, con nueva relevancia y nuevo sentido. Al entender al Dios símbolo de la manera que he delineado, por ejemplo, no tengo dificultad para afirmar la respuesta a la primera pregunta del Catecismo Menor de Westminster, tan amado por los presbiterianos del pasado, "¿Cuál es el fin principal de la humanidad?" "El fin principal de la humanidad es el de glorificar a Dios, y gozar de Él para siempre."
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