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¿Quién raptó al Niño Jesús?*
Encendemos el Cáliz como símbolo de nuestra unidad, de nuestra búsqueda en común de la verdad y el sentido; de nuestro deseo de permanencia y lucha sobre las cosas que hemos elegido compartir con amor y responsabilidad.
Esparcimos estos pétalos de rosas como símbolo de nuestra libertad espiritual, al bendecir los unos a los otros, reconocemos que la verdad es Dios y el único medio seguro es el amor, en todas las culturas, y en todos los credos.
Himno:: Me pregunto cómo fue el nacimiento de Jesús. Con toda probabilidad, el niño Jesús histórico nació en su casa de Nazaret, una aldea de Galilea que se encuentra a unos 100 kilómetros al norte de Belén y Jerusalén. Espero que el niño Jesús naciese rodeado de una familia amorosa y que
tuviera una infancia normal y feliz. Intento imaginarle jugando con sus hermanos y vecinos en Nazaret. Supongo que el Jesús real se lastimó las rodillas algunas veces. Probablemente también se peleó en ocasiones con sus compañeros de juegos. Apuesto a que incluso replicó a sus padres en un par de ocasiones. Me pregunto cuándo empezaron a manifestarse las primeras señales del visionario religioso. Desde luego, al crecer se convirtió en un joven extraordinariamente carismático.
En realidad, como demuestran importantes estudiosos del Nuevo Testamento, nada sabemos del nacimiento y la infancia de Jesús. Ninguno de los escritos cristianos más antiguos dice nada sobre su nacimiento.
Dos de los cuatro evangelios, el de Marcos y el de Juan, ni siquieran
mencionan su nacimiento. Marcos es el primer evangelio que fue escrito,
así que es especialmente interesante que no mencione el nacimiento de
Jesús. El autor de Marcos no debió pensar que las circunstancias de cómo
vino al mundo fuesen importantes.
Lo que está claro, hablando de forma figurada, es que el niño Jesús real
fue raptado a finales del siglo I. Los secuestradores fueron, como cabía
esperar, los propios seguidores de Jesús. A medida que crecía el nuevo
movimiento, y al tiempo que resultaba obvio que Jesús no iba a regresar
durante el tiempo de vida de los primeros cristianos, éstos
embellecieron los relatos. Solemos olvidar que muchos de los primeros
seguidores de Jesús, especialmente los que seguían las enseñanzas del
apóstol Pablo, esperaban que Jesús regresara mientras ellos aún
estuviesen vivos. Pablo, que nunca conoció a Jesús en persona, esperaba
sin duda verlo regresar.
Los primeros cristianos se esforzaban por atraer a más personas para que
creciese su pequeño movimiento. En algún nivel, los relatos que crearon
sobre el nacimiento de Jesús pretendían reflejar sus sentimientos sobre
lo especial que era Jesús. En otro nivel, las historias de nacimientos
eran lo que ahora llamaríamos marketing. El relato de cómo nació Jesús
en Belén servía para atraer a los judíos, que creían que el Mesías
nacería allí. La historia de la estrella y los magos era una manera de
decir que Jesús era una especie de rey. La genealogía que se retrotraía
hasta Adán era un modo de incluir a los gentiles.
Esto no lo digo de ninguna manera para denigrar aquellos relatos. Los
escritores de los evangelios que crearon la narración de los magos y la
estrella, o la del viaje a Belén, el pesebre y los pastores, entendían
el poder de las historias. Comprendían que una buena historia transmite
un mensaje e implica nuestras emociones y nuestra imaginación. También
debemos recordar que hace dos mil años la gente no entendía la exactitud
histórica ni los hechos históricos objetivos del mismo modo que lo
hacemos nosotros. Ellos tenían una historia sobre Jesús que querían
contar. Habían oído relatos sobre las enseñanzas y el ministerio de
Jesús. Los primeros escritos no decían nada sobre la primera parte de la
vida de Jesús. Los autores de Mateo y Lucas hicieron lo que cualquier
buen narrador habría hecho si faltaba una parte de la historia: crearon
una para rellenar los huecos.
Mi intención no es la de denunciar los relatos sobre el nacimiento que
escribieron los autores de Lucas y Mateo. Por cierto, observen que hablo
de los autores de esos evangelios, porque ni siquiera en las Escrituras
hay ninguna afirmación de que esos evangelios fuesen escritos por Mateo
o por Lucas. Si consultan la Biblia, verán que el primer libro del Nuevo
Testamento es "El Evangelio según Mateo". Observen la palabra "según".
Es la misma para todos los evangelios. El escritor de cada uno de estos
textos repetía una historia que se había contado ya innumerables veces
en los 40 años aproximadamente que habían pasado desde la muerte de Jesús.
Y, sin embargo, algo terriblemente desafortunado sucedió con el paso del
tiempo, cuando los primeros cristianos escribieron las historias que
luego se convertirían en los evangelios. La religión de Jesús se
convirtió en la religión sobre Jesús. Probablemente era inevitable.
Nosotros, pobres humanos, tenemos una capacidad enorme de confundirnos.
La religión de Jesús era muy sencilla: se trataba de amar a Dios y amar
a nuestro prójimo. Esto es lo que el propio Jesús dijo que podía resumir
todo su mensaje: ama a Dios y ama a tu prójimo. No es fácil, pero es
sencillo.
Al pasar el tiempo, el pobre Jesús fue secuestrado una y otra vez. Con
el transcurrir de los siglos, las personas que se hacían llamar
seguidores de Jesús discutieron entre sí sobre quién tenía razón y quién
estaba equivocado acerca de lo que quería decir ser cristiano. Y se
apasionaron increíblemente con este tema.
Una parte del problema humano de confundirse es que, una vez que lo
hemos hecho, nos convencemos de que tenemos razón y que los que
disienten de nosotros están equivocados. Y cuando nos ponemos realmente
nerviosos, nos convencemos de que los que están en desacuerdo son
malignos y merecen morir. Así han pasado siglos en los que cristianos
han matado a herejes. Los católicos mataban a protestantes y viceversa.
Luego veíamos a una clase de marxista que mataba a otra clase de
marxista. Y hoy contemplamos cómo los musulmanes chiítas y sunnitas se
matan entre sí. Es el mismo y viejo patrón.
En la iglesia antigua había una amplia variedad de creencias. Muchos
seguidores de Jesús, los que se llamaban gnósticos, creían que los
relatos sobre milagros y la resurrección no eran literales, sino
simbólicos. Los gnósticos fueron calificados de herejes y la mayoría de
sus escritos fueron destruidos. Algunos fueron descubiertos el siglo
pasado. Muchos de los primeros cristianos no creían que Jesús fuese
Dios. La mitad de ellos aproximadamente no aceptó la nueva doctrina de
la Trinidad.
Casi 300 años después de la muerte de Jesús, el emperador romano
Constantino se convirtió al Cristianismo y decidió convertir a esta
religión en la oficial del Imperio. Aquel pequeño movimiento de judíos
radicales se había extendido a los gentiles y empezaba a tener verdadero
éxito. Trescientos años después de la muerte de Jesús, la religión que
crearon sus seguidores se convertía en la religión oficial del mayor
imperio del mundo. Naturalmente, si volvemos la vista atrás, esto huele
más a política que a espiritualidad. Constantino decidió que, si el
Cristianismo iba a ser la religión oficial, tenía que hablar con una
sola voz. Al fin y al cabo, Constantino era un emperador. No era un
teólogo, pero sin duda entendía lo que era el poder y la autoridad. Un
emperador no tolera las disensiones.
Convocó a los obispos cristianos y los reunió en un lugar para que
elaborasen la doctrina oficial. El resultado fue una afirmación de fe
que llegó a ser conocida como el Credo de Nicea, por el nombre de la
ciudad donde se reunió el concilio de obispos bajo la mirada vigilante
de Constantino. De repente, todos los cristianos que tenían ideas
distintas de las del credo se convirtieron en herejes. Tenía que estar
de acuerdo con el credo o atenerse a las consecuencias. La inmensa
mayoría aceptó el dogma, al menos en público.
¡Pobre Jesús! Secuestrado otra vez. Raptado por sus propios seguidores,
por las personas que le rezaban.
Bajo el poder de la Iglesia de Roma, la religión de Jesús siguió
distorsionándose en la religión sobre Jesús. Se crearon catecismos, que
tenían que memorizarse. Se debatieron, elaboraron y promulgaron
doctrinas. Se desarrollaron toda clase de rituales. Se construyeron
catedrales. Se convocaron Cruzadas para recuperar la Tierra Santa.
María, la madre de Jesús, fue elevada gradualmente hasta ser una especie
de divinidad. El arte antiguo está lleno de imágenes de una piadosa
Madre de Dios sosteniendo a su hijo, con un halo detrás de su cabeza.
También fueron canonizados muchos santos, y la gente empezó a rezar a
María y a los santos.
La iglesia, en su celo por ser la autoridad definitiva en todo, hizo
algunas cosas notablemente tontas. Los padres de la Iglesia decidieron
que Galileo tenían que ser juzgado y encarcelado por enseñar que la
Tierra giraba alrededor del Sol. No soy un gran erudito bíblico, pero no
recuerdo que Jesús dijera nada sobre astronomía.
Por desgracias, seguimos en las mismas. Ahora hay miles de personas que
se llaman cristianos y que están muy alterados con la idea de la
evolución biológica. Quieren utilizar el poder del gobierno para
garantizar que su particular versión del mito de la creación se enseñe
como ciencia en las escuelas públicas. ¡Asombroso! Cuando leo las
Escrituras, me parece que la parte de la biología que más preocupaba a
Jesús era la alimentación de los pobres.
El sencillo mensaje de amar a Dios y al prójimo seguía estando allí,
pero era cada vez más difícil encontrarlo. Jesús seguía secuestrado y
cautivo de las mismas personas que creían en él.
Por supuesto, me resulta fácil, a mí y a todos nosotros, volver la
mirada sobre estas cosas con un aire de condescendencia. Nosotros,
naturalmente, no hemos raptado a Jesús. Nosotros, no. Por ejemplo,
nosotros miramos con superioridad a esas pobres almas descarriadas que
oponen el Cristianismo a la ciencia. A nosotros nunca se nos ocurriría
quemar a un hereje en la hoguera.
Pero ustedes y yo no estamos libres de responsabilidad. Creo que ustedes
y yo hemos ayudado a raptar a Jesús a nuestra manera.
Miren lo que ha pasado con la Navidad. La Navidad solía ser una fiesta
poco importante. Resulta difícil de imaginar, pero era así. La piedra
angular de la fe cristiana era, al fin y al cabo, la Pascua.
En los últimos siglos, la Navidad ha pasado de ser una fiesta especial a
otra cosa totalmente distinta. Poco a poco, tuvo que ver cada vez más
con regalos y, por tanto, con el dinero. La "temporada navideña" empieza
ahora a finales de octubre o principios de noviembre. ¡A este paso, la
Navidad será tan larga como el verano o el invierno!
¿No hablábamos de que habíamos raptado al niño Jesús? Nuestra cultura
consumista, la cultura de la que ustedes y yo formamos parte en buena
medida, ha distorsionado el espíritu de las fiestas de una manera que
los seguidores de Jesús no pudieron imaginar nunca.
El pobre Jesús ha sido secuestrado otra vez. Hoy es un rehén del centro
comercial. Y de Amazon.com, Wal-mart y la tienda Apple (mi debilidad
personal). Es demasiado sencillo quedar atrapados en esta locura de
compras. Estamos rodeados por absurdos insípidos y mercadeo inteligente
para hacernos comprar toda clase
de objetos.
¿Cómo pudo la celebración del nacimiento de Jesús, que se había mezclado
con rituales paganos sobre la oscuridad, la luz y el solsticio,
transformarse en la banalidad de una orgía de compras mientras suena una
música espantosa de fondo?
La historia de lo que pasó con Jesús en los siglos posteriores a su
muerte es una narración larga y triste. Primero, los seguidores de Jesús
se confundieron y crearon una religión sobre él, en vez de una religión
que intentase seguir sus pasos. Con el tiempo, todo empeoró y se acumuló
toda clase de supersticiones. Los seguidores de Jesús se vieron atraídos
por la promesa del poder, y lo consiguieron. Y el poder corrompe.
De algún modo, milagrosamente, su maravilloso mensaje de amor a Dios y
al prójimo no se perdió nunca por completo en las enseñanzas de la Iglesia.
Si no bastase con los seguidores extraviados, en el mundo moderno Jesús
ha sido enviado al centro comercial.
¡Pero ustedes y yo podemos cambiar esto! ¡Ustedes y yo podemos liberar a
Jesús!
¿Quieren hacer algo verdaderamente radical? Les propongo que ustedes y
yo organicemos una conspiración para liberar a Jesús, que ha pasado en
cautividad los últimos dos milenios. Pero podemos liberarlo.
Sólo tenemos que hacer dos cosas.
En primer lugar, tenemos que amar a Dios. Sí, ya sé que muchos tenemos
dificultades con el lenguaje teísta. Yo también las tengo. La palabra
"Dios" también fue secuestrada (pero eso queda para otro sermón).
Podemos utilizar otras palabras. Tenemos que amar a la vida. Amar la
fuente de la vida, el espíritu de la vida. Amar el misterio asombroso de
un universo del que surgió la vida sensorial. Hay que conectar con el
todo, con la fuente. Dejar que la maravilla y el misterio llenen nuestro
espíritu. No importa que lo llamemos fuente de toda la vida, realidad
última, o Dios. Discutir sobre cómo lo llamamos es estar totalmente
confundidos. Simplemente, amarlo. Amarlo con todo el corazón.
Amar la fuente última de vida es un acto radical. Esto es de lo que
hablaba Jesús.
Cuando amamos la fuente de la vida, estamos a medio camino de liberar a
Jesús.
La segunda parte es realmente dura. Tenemos que amar a nuestro prójimo.
Incluso tenemos que amar a los que nos sacan de quicio. Tenemos que amar
a gente anticuada, desagradable y malévola. Tenemos que amar a los
violentos. Hemos de amar a nuestros enemigos. Esta parte me parece muy,
muy dura. Puedo esforzarme por hacer caso omiso de la gente que no me
gusta. Incluso puedo tolerarlos cuando estoy de buen humor. Pero Jesús
dijo que se supone que tenemos que amarlos. Se supone que debemos darnos
cuenta de que, en última instancia, ellos son como nosotros. Jesús nos
pide que nos demos cuenta de que estamos juntos en todo esto.
Y amar al prójimo no sólo quiere decir un sentimiento afectuoso de buena
voluntad. Amar al prójimo significa ayudarlo. Significa dejarnos sentir
como él siente. Quiere decir compasión, que literalmente es "sufrir
con". Amar al prójimo significa acudir a ayudar a los pobres, los
inmigrantes, los desamparados y los despreciados. A la larga, significa
trabajar por la justicia y por la paz.
Cuando amamos a Dios y amamos al prójimo, nos transformamos. Es como si
me atrevo a decirlo en una iglesia unitaria universalista si
volviéramos a nacer. La rigidez de la religión y la banalidad del
consumismo raptaron no sólo a Jesús. ¡También nos raptaron a nosotros!
Cuando amamos a Dios y al prójimo, liberamos a Jesús de dos mil años de
cautiverio.
Y lo más importante: cuando amamos a Dios y al prójimo, nos liberamos a
nosotros mismos.
¿Quién raptó al niño Jesús? Yo lo hice. Y ustedes. Todos lo hicimos.
Liberemos a Jesús y liberémonos a nosotros mismos. Amen la vida con todo
el corazón. Ámense los unos a los otros. Eso es todo.
Amén.
*Himno:
* Peter Morales, Ministro principal
Iglesia Unitaria de Jefferson, Golden, Colorado
10 de diciembre de 2006
La actualidad del nuestro mundo en lengua hispana
La voz de religión liberal en Argentina UUArgentina Blog
Encuentro, charla, amistad y crecimiento para las personas que se identifican como Unitarias Universalistas, simpatizantes y todos aquellos interesados en una espiritualidad pluralista, abierta y no dogmatica.http://es.groups.yahoo.com/group/uuhispano/ Más Valores Morales y Principios
Encendida del Cáliz :
A la Memoria de Mohandas Karamchand Gandhi.
Cuento para todas las Edades: (los niños pasan a Educación Religiosa al concluir el cuento y los adultos cantan "Fuente de Amor" )
 
"Fuente de Amor" de Carolyn McDade
EspÃritu de Vida, ven hacia nosotros
Sermon:
Canta en nuestros corazónes moviéndome a la compasión.
Agítate en el viento, levántate en el mar;
Muévete en la mano, haciendo que la vida tome forma de justicia.
Las raíces nos mantienen cerca; las alas nos hacen libre;
Espíritu de Vida, ven a nosotros, ven a mí.
Vayan en Paz
Vayan en paz, vayan en paz.
Pueda el amor rodearlos siempre,
por doquier, por doquier,
que vayan.
Ensamble en la creación de un mundo que sea justo y compasivo, respeta todas las orientaciones sexuales, un planeta totalmente libre de armas nucleares y de sus medios de
producción
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