¿ Y cómo fue que un chico católico agradable como yo terminó en un lugar como
este? Bueno, fui el menor de seis hijos en una familia muy devota. Fui un chico
muy piadoso. Solía ir por el vecindario y trataba de convertir a otros chicos al
Catolicismo. De hecho, cuando tenía 7 años, decidí que quería ser sacerdote.
Para que pudiera adquirir alguna práctica, mi padre me construyó una iglesita de
juguete en el patio, en la que yo jugaba a decir misa y escuchaba confesiones.
Mi hermana Arlene solía venir a confesarse conmigo y para ello inventaba los
peores pecados que pudiera concebir. Para los Católicos de esa época, tus peores
pecados imaginables eran, "Maté a tres personas y no fui a misa el domingo; me
divorcié veinte veces y comí carne el viernes". Estas eran palabras mayores.
Mi hermana mayor, Alice, quien después se convirtió en monja, cosió para mí
algunas vestimentas estilo sotana, y yo me las ponía para marchar por la calle y
hablarle a la gente sobre la Iglesia Católica.
Yo era uno de esos chicos buenos. Ya sabes, un niño del tipo Shirley Temple. El
chico que es tan bueno todo el tiempo que te dan ganas de darle un bofetón. Me
levantaba temprano diariamente para ir a misa y comulgar, y por si las dudas iba
dos veces el domingo. Nuestra familia rezaba el rosario cada noche, ¡Y en
Navidad y Semana Santa íbamos a tres misas!
Si otros chicos en la escuela decían un chiste subido de color, yo les recordaba
que era un acto pecaminoso y les decía que rezaría por ellos. Los chicos solían
llamarme "El santo niño Larsen".
Cuando terminé la secundaria entré a un seminario menor que era también
bachillerato, para estudiar para ser un sacerdote. Fue como mudarme a una
prisión. Excepto por breves momentos en los que se te permitía hablar con tus
amigos, la mayor parte del tiempo la dedicábamos al estudio y la oración.
Pero entonces las cosas comenzaron a cambiar. El Papa llamó a un concilio
ecuménico y la misa latina fue cambiada al idioma del pueblo. El canto
gregoriano fue reemplazado por la música folclórica. Para cuando entré al
seminario mayor, cerca de Chicago, empecé a escuchar de la teología de la muerte
de Dios, nuestros profesores nos decían que era más importante involucrarnos en
las cosas de este mundo que en las cosas celestiales, y yo tocaba canciones de
los Beatles con guitarra en los servicios de culto. De hecho, en una de nuestras
misas más pequeñas danzamos alrededor del altar y cantamos la muy movida canción
de los Beatles, "Twist and Shout", como himno de cierre. Esto fue un poquitín
más atrevido de lo que la mayoría de los Unitarios Universalistas se permitiría.
Mi hermano patrióticamente se unió a los marines y fue a Vietnam; yo marche en
protesta contra la guerra y empecé a dar consejos a los jóvenes sobre cómo
evitar el servicio militar. Aprendí sobre el hambre en el mundo y leí a Carlos
Marx. En mis clases de filosofía aprendí que realmente no había ninguna manera
de probar la existencia de Dios; en mis clases de sicología aprendí que la moral
sexual que la iglesia enseñaba no era saludable; y en mis clases de religión
aprendí que el cristianismo debe ser un movimiento de acción social para liberar
a los pobres y desmantelar al capitalismo.
Y de esta manera el chico que quería convertir a los paganos al cristianismo se
convirtió en el hombre que quería liberar a la gente de la guerra, el hambre, y
el imperialismo de los EUA.
Aunque yo no lo sabía en ese momento, esta transformación fue uno de mis
primeros pasos hacia el Unitarismo Universalista. Tampoco me di cuenta en ese
momento de que había perdido mi fe religiosa tradicional; la vida era excitante
y no tenía que pensar en el hecho de que yo creía en muy pocas de las doctrinas
asociadas con la Iglesia Católica.
Solo me di cuenta de esto luego de graduarme del seminario y de iniciar mi
noviciado, que es un lugar dedicado a la oración, la meditación y las prácticas
ministeriales. En mi trabajo como capellán Católico en un ala del Hospital de la
Ciudad de Boston comencé a darme cuenta de que mi fe humanista no era lo que se
esperaba de un futuro sacerdote. La gente me pedía bendecir sus rosarios o sus
medallas. Yo no creía en las bendiciones. La gente me pedía rezar por ellos, y
yo lo hacía, pero realmente no creía que la plegaria pudiera curar sus
enfermedades. Si alguien quería un sacerdote para escuchar su confesión, yo le
conseguía uno, pero realmente no pensaba que fuera necesario confesar tus
pecados para ser perdonado. Parecía erróneo de Dios eso de contenerse para
perdonar, y de todas formas no estaba seguro de que hubiera un Dios que pudiera
perdonar. La gente hablaba del cielo y el infierno y me encontré a mí mismo con
dudas sobre la existencia de una vida después de la muerte. Después de todo, mi
educación en el seminario universitario insistía en el aquí y el ahora, no en el
más allá; destacaba las relaciones de humano a humano y no de humano a Dios.
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Y esto complicaba mi lucha humana con la fe. ¿Qué se esperaba que creyera yo,
como sacerdote? ¿Qué podía creer? Un cristianismo secularizado y humanista no
era suficiente para los laicos Católicos. Pero el Catolicismo tradicional era
demasiado para mí.
Cerca del final de mi año de noviciado, un amigo mío que participaba en el
Movimiento de Jesús trató de ayudarme a encontrar a Dios. él dijo, "todo lo que
tienes que hacer es pedir a Dios que se muestre ante ti y él lo hará". Nunca se
nos ocurrió ni a él ni a mí que Dios pudiera ser "Ella". Bien, quería servir
como ministro a las necesidades religiosas de la gente, y pensaba que debía ser
sacerdote para poder hacerlo. Y pensaba que tenía que creer en un Dios personal
para ser sacerdote. Así que dije, "Está bien, lo intentaré". Y recé con este
amigo por horas y horas para buscar una relación con Dios. Mi amigo realmente
pareció lograrlo, lo escuche hablar en lenguas y llorar con su propia
experiencia religiosa. Al final de una sesión de varias horas me preguntó si
algo había sucedido. Odié tener que decepcionar a mi amigo, pero tuve que
decirlo, "No". él dijo que no sabía por qué Dios se contenía tanto, pero me dijo
que si rezaba cada noche encontraría a Dios. Lo hice por un tiempo, pero nada
sucedió.
Así que proseguí estudios de postgrado en un seminario Católico de Nueva York.
Esta vez no tuve tanto contacto con gente laica, sino solo con profesores
liberales de teología. Y aprendí que muchas doctrinas Católicas previamente
tenidas como incuestionables –tales como la infalibilidad del Papa, el
nacimiento virginal de Jesús, la presencia real de Jesús en la Eucaristía, la
resurrección de Jesús, y desde luego, las posiciones de la iglesia sobre el
control natal, el aborto y la homosexualidad– ahora eran materia de debate entre
los teólogos Católicos. Aprendí de mis clases de estudios bíblicos que Jesús
nunca pensó que fuera divino y que la idea de irse al cielo al morir no es
realmente bíblica. Y aprendí por mí mismo que no podía aceptar las doctrinas en
las que se suponía que creyera. Y decidí que debía ser un ministro Unitario.
Ahora, esto puede sonar como una decisión apresurada. Pero inadvertidamente yo
había dado algunos pasos en la dirección del Unitarismo Universalista. Me
encontré a mí mismo queriendo ministrar a las necesidades religiosas de la
gente, pero con el conocimiento de que sería hipócrita de mi parte hacerlo como
sacerdote Católico. La única cosa que sabía sobre el Unitarismo es que no
necesitas creer en Dios para pertenecer. Nunca había estado en una iglesia UU,
ni conocido a ninguna persona Unitaria. Pero busqué en el directorio telefónico
de la Ciudad de Nueva York alguna iglesia Unitaria, y me enteré de era Unitaria
Universalista. Así que asistí a varias iglesias UU en el área, y luego busqué
información sobre escuelas teológicas para capacitarme como ministro UU, y
terminé por asistir la Meadville Theological School. Allí recibí mi doctorado en
ministerio, hace casi 30 años (y aún sigo en él –¡Incluso en la misma
congregación!).
Ahora ya les he contado la historia de mi jornada hacia el Unitarismo
Universalista –no solo como un pasatiempo, aunque pienso que mi jornada ha sido
interesante (como la mayoría de las de ustedes)– sino porque todos hemos hecho
jornadas, y seguimos haciéndolas, y creo que podemos enriquecernos mutuamente al
compartirlas.
Y aunque nuestras jornadas hacia donde estamos hoy han sido diversas, creo que
tienen algunos elementos en común, por ejemplo, todos llevamos nuestro pasado
con nosotros –podemos afirmar verdades de ese pasado, o podemos reaccionar
negativamente hacia él, pero de cualquier forma lo llevamos con nosotros.
Por ejemplo, cuando escucho alguna de la música o contemplo el simbolismo y los
rituales de la Iglesia Católica Romana, puedo apreciar la belleza que contienen
y afirmar el sentimiento de santidad que engendran. Y también valoro
positivamente algunos de los valores morales que ahí aprendí –la preocupación
por los pobres y los hambrientos, y la justicia social, solo por nombrar
algunos. Desde luego hay cosas que he descartado, pero incluso esas cosas
influyeron para hacerme quien soy actualmente.
Otro elemento común en nuestras jornadas, creo yo, es el hecho de que el
Unitarismo Universalista no es algo a lo que puedas unirte sin pensarlo –nadie
entre nosotros está en la tesitura de, "Bueno, todos lo están haciendo, así que
supongo que también me uniré yo". No, nadie lo está haciendo así. Incluso si
fuiste creciste como UU, esta religión es algo que tienes que escoger. Es un
lugar al que arribas solo después de haber llegado al punto de hacerte preguntas
básicas sobre la religión y la existencia humana. Así que otro elemento común en
nuestra jornada es que hemos dudado, hemos tomado riesgos y hemos hecho
preguntas.
Y nunca hemos dejado de hacer esto. Pero como una vez escuché decir, "Un pájaro
no canta porque tenga una respuesta; canta porque tiene una canción". Tenemos
una canción, y la duda es parte de ella, y ni se nos ocurriría cantar un poquito
fuera de ese tono. De hecho, algunos de nosotros nos identificaríamos con quien
dijo: "Soy un pagano agnóstico, dudo de la existencia de muchos dioses".
Un tercer elemento en nuestras jornadas es que hemos llegado a ver a la religión
como un modo de vida, como un compromiso moral –no como la aceptación
incondicional de ciertos credos, ni como la observancia de ciertos rituales. Se
trata de actos, no de creencias. Debido a esto no siempre le parecemos
religiosos a otras personas. No es que carezcamos de símbolos, ceremonias o
declaraciones de principios, es que éstos solo son importantes en la medida en
que nos ayuden a ser mejores personas. No son significativos en sí mismos.
Una mujer que conozcoo, que fue criada como Unitaria, me contó que en su
infancia había un estacionamiento que dividía a la iglesia UU de una iglesia
Católica. Un día, el hermano de ella encontró en el estacionamiento una medalla
que decía. "Soy Católico. En caso de accidente llame a un sacerdote". ¡Recuerdo
bien aquellas medallas yo mismo, pues cuando niño también tuve una! De cualquier
forma, a su hermano le pareció una idea atractiva y dijo, "Yo también quiero una
que diga: «Soy Unitario. En caso de accidente llame a una ambulancia»".
¡Somos gente bastante práctica!
Y tal vez un cuarto elemento en nuestras jornadas es que hemos llegado a ver que
la virtud puede ser su propia recompensa. No se trata de que no nos guste
elogiar nuestras buenas obras de vez en cuando, ni de que planeemos rechazar el
cielo si alguna vez nos es ofrecido. Pero los UU generalmente pensamos que
cuidar de otros y del mundo es en sí mismo recompensador, independientemente de
si hay premios externos que se nos ofrezcan como "reembolso".
Dos náufragos navegaban el océano en una balsa, deseaban avistar tierra pero
estaban a punto de perder la esperanza de salvarse. Uno de ellos comenzó a rezar
"Oh, Señor, he llevado una vida sin valor, no he atendido a mis hijos, he
engañado en el trabajo, he sido malvado con mi esposa –pero si me salvas Señor,
te prometo que…"
El otro náufrago dijo "¡Espera!, ¡Veo tierra!"
La idea de que solo seremos buenos si Dios nos promete algunos premios, deja de
lado la gran verdad de que ser bueno es en sí mismo un premio. Ser amables con
los demás es la manera en que queremos vivir, en todo caso.
En los tiempos de la Revolución Americana (la independencia de los EUA) –en
1780– la legislatura de Connecticut estaba en sesión cuando hubo un eclipse de
sol. Se oscureció afuera y los miembros de la legislatura empezaron a ponerse
frenéticos, algunos pedían un receso. Pero el orador en turno les dijo: "Amigos
míos, si este no es el fin del mundo, entonces no hay causa de alarma. Pero si
lo es, debemos desear que nos encuentre siendo fieles a nuestros deberes. Así
que por favor traigan algunas velas".
Así es como se sienten la mayoría de los Unitarios Universalistas: queremos que
el final nos encuentre siendo fieles a nuestros deberes. Si hay una vida después
de esta, nos complacerá haber actuado así. Y si no la hay estaremos igual de
complacidos de haber cumplido.
A pesar de las diferencias en nuestras jornadas, la mayoría de nosotros hemos
pasado por algunas experiencias comunes en nuestro camino hacia esta iglesia.
Tenemos un pasado que tenemos que tener en cuenta de una u otra forma; nos hemos
encontrado a nosotros mismos cuestionando; hemos llegado a ver que la religión
tiene que ver más con vivir una vida moral y auténtica que con declarar lealtad
a ciertos credos; y hemos llegado a entender que la virtud puede ser su propia
recompensa –con independencia de las otras recompensas que puedan corresponder.
Ahora, para alguna gente mi paso de Católico a Universalista puede parecerles
una gran salto. Pero no lo fue para mí. Fue una progresión muy natural. Verás,
yo no me uní al Unitarismo Universalista porque ofreciera un nuevo estilo de
vida que no hubiera encontrado antes. Me uní porque promovía los valores que yo
ya sostenía –pero sin las doctrinas que no podía aceptar. Así que para mí no se
trató tanto de cambiar hacia algo nuevo, sino de encontrar apoyo para quien yo
ya era.
Desde luego, puedes tener libertad de creencias y de doctrinas sin pertenecer a
esta o a ninguna otra iglesia, pero con el objetivo de ser continuamente
desafiado a defender la valía y la dignidad de cada persona y el respeto por la
trama de la vida de la que todos somos parte, encuentro útil unirme con otros
implicados en la misma aventura. Por ello pertenezco a una iglesia UU. Para mí
no se trataba tanto de iniciar una nueva jornada, como de reconocer que había
llegado finalmente casa.
Y aunque todavía dudo antes de mencionar la frase frecuentemente citada: "Era un
Unitario antes de saberlo": Es verdad que yo ya había llegado a una filosofía
religiosa sostenida por los UU, antes de unirme a esta iglesia. Pero podría
resultar presuntuoso decir que cualquiera que piense de esta manera es un UU sin
saberlo. Muchos judíos, cristianos y budistas, así como gente sin afiliación
religiosa sostiene los mismos valores que nosotros y no se llaman a sí mismos
UU. Tal vez has oído la historia sobre el pastor cuya iglesia se quemó en un
incendio. El rabino de la sinagoga contigua ofreció su edificio para el uso
temporal de la congregación. Y el pastor agradeció al rabino la oferta, y le
dijo, "esto es muy cristiano de su parte" (estoy seguro de que el rabino habría
pensado que era muy judío de su parte).
Así que si nos visitas el día de hoy y crees en la valía y la dignidad de cada
persona y si te parece que todos somos parte de un solo mundo, de un planeta, no
voy a decirte que actúas muy Unitario, ni que eres Universalista de corazón. Más
bien te diría, "Lo que crees y haces es lo que mi iglesia afirma también". O "Es
lo mismo que yo afirmo, y sucede que soy Unitario Universalista".
Solo como un pequeño ejemplo de cómo otros practican los mismos principios,
tomemos en consideración a los Episcopalianos (anglicanos) en los Estados
Unidos. Cuando la Iglesia Episcopaliana consagró al reverendo Gene Robinson como
el primer obispo abiertamente guei en esa denominación, representó una dura
lucha para la feligresía de base de la iglesia (¡Y lo sigue representando aún!).
Pero el Obispo Robinson dijo algo interesante al final de su sermón de
consagración. él contó una anécdota favorita suya. Cuatro soldados de EUA se
convirtieron en los mejores amigos en las trincheras de Francia, durante la
Primera Guerra Mundial. Cuando mataron a uno de ellos, los otros prometieron
darle sepultura apropiadamente. Pero cuando pidieron al cura que les permitiera
enterrar a su camarada en el cementerio parroquial, el sacerdote rechazó su
solicitud, debido a que los hombres no podían garantizarle que su amigo muerto
estaba bautizado. Así que el soldado fue enterrado por sus amigos justo afuera
del camposanto. Luego del fin de la guerra, cuando regresaron para visitar la
tumba de su amigo no la pudieron encontrar. Cuando preguntaron al cura por lo
sucedido, él les explicó, "Me sentí mal por mi decisión, ¿por qué no iba a
merecer este hombre la misma situación ante Dios que todos los demás hombres que
se habían ido antes que él? ¿Quién soy yo para juzgarlo? Así que moví la cerca".
En caso de que alguna vez te lo hayas preguntado, de eso se trata precisamente
el Unitarismo Universalista –de incluir a más y más gente dentro del círculo de
la amistad– de manera que la cerca se siga moviendo y ya no tengamos "nosotros"
y "ellos". No somos los únicos que lo hacen, desde luego. Pero lo hacemos. Y el
mundo necesita gente que lo haga.
¿ Sabes? Los sociólogos han hecho alguna investigación sobre qué clase de gente
rescató judíos durante la Segunda Guerra Mundial. Y ellos han encontrado que los
factores socioeconómicos no determinaban ninguna diferencia. Estos rescatadores
podían ser tanto pobres, como ricos. La educación tampoco señaló ninguna
diferencia. Mucha gente educada, tales como abogados, doctores y otros
profesionistas se unieron a Hitler. Uno pensaría que la religión podría marcar
una diferencia, porque la Biblia dice que ames a tu vecino. Pero aunque mucha
gente religiosa fueron rescatadores, fueron muchos más los que no lo fueron. No,
lo que ellos encontraron fue esto, independientemente de la clase, educación o
religión de los rescatadores que ellos entrevistaron, el 90% de ellos creció en
familias en las que se les animó a animar a la gente que era diferente de ellos.
Por esto, ellos fueron capaces de ver a los judíos como seres humanos, y no como
una raza inferior.
Esto es algo por lo que lucha el Unitarismo Universalista –por apreciar
positivamente la valía y la dignidad de cada persona. No somos los únicos que
hacemos esto, pero estamos entre quienes lo hacen. Y estaríamos encantados de
contar con tu ayuda, si quisieras unirte a nosotros.
Ya he contado cómo un agradable chico Católico como yo terminó en un lugar como
este. Y espero haber mostrado que "un lugar como este" no es un lugar malo para
estar. Y la tradición Católica… no es un mal lugar para para haberme dado
raíces. De hecho todavía reivindico la palabra "católico" –pero con una 'c'
minúscula, en su significado como "universal". De Católico … a universal …
-ista. Ha sido una gran jornada y me faltan muchas todavía aún por venir.